«Cuando ese hábitat se manipula,
la vida humana se pone en riesgo.»
Dra. María Dolores Vila-Coro(1930-2010)
Jurista española
referente nacional e internacional
en Bioética y Biojurídica
El ser humano no empieza a vivir cuando se implanta en la pared del endometrio materno.
Al término del proceso de anidación en el corazón de la cavidad uterina, el embrión humano ya lleva en su historial de memoria celular 14 días de vida intrauterina.
Intrauterina, si esa nueva persona es libre en su madre, al ser engendrada ecológicamente en el arropamiento protector del templo uterino materno.
Extrauterina, si esa nueva persona comienza su existencia en soledad, separada de los suyos, en un terreno completamente hostil a su naturaleza, fruto de un proceso de fecundación forzada, agredida y violentada, presa de un laboratorio tecnológico de “reproducción médicamente asistida” que experimenta con el inicio de la vida de seres humanos aprovechándose del deseo de gente inocente desinformada.
El paciente olvidado de esta nueva “medicina”, el más vulnerable e indefenso, es su producto estrella, el hijo, quién sufre el daño más profundo y nuclear de una no deseada asistencia.
Nada que ver con el hábitat natural del que ese menor se ha visto privado, obligado a transitar su etapa preimplantatoria antiecológicamente, sin la seguridad, la confianza y el vínculo corporizados que le imprime la Inteligencia Natural del ecosistema holístico materno en amor, deseo y goce mutuos con el paterno.
La salud de cada nuevo miembro de la familia humana empieza a contar ya desde que es concebido; no comienza cuando anida, ni a las x semanas de gestación, ni mucho menos cuando nace.
Preservar, honrar y defender la procreación natural es una responsabilidad de las generaciones actuales para proteger la salud y los derechos primordiales de las generaciones futuras.
La concepción también es el portal a la preconcepción, esto es, vincula y comunica cuánticamente con todo lo que antecede al inicio de esa nueva persona: toda la memoria genética y epigenética de todo su árbol genealógico familiar (¿incluso con la memoria de toda la Humanidad y de toda la existencia?), especialmente con la psicobiología de su madre y de su padre desde los instantes presentes remontándose hasta sus propios nacimientos, vidas intrauterinas y hasta el instante en que ellos mismos fueron concebidos.
Todo…, custodiado en el microcosmos por el óvulo y el espermatozoide, heredado naturalmente por el hijo a través del sagrado enlace matrimonial celular.
Lídia Estany Estany
comunicóloga prenatal y perinatal
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Dra. María Dolores Vila-Coro


